Queremos diversión… ¡YA!

 

Fotograma de la película Babylon A.D. (2008)

Cualquier persona nacida después 1980 exige que el esparcimiento sea inmediato, sin embargo, las compañías encargadas de proporcionarlo no han encontrado un modelo de negocio que se adecue a los nuevos paradigmas tecnológicos. Es sencillo copiar cualquiera de los productos que ofrecen a un precio infinitesimal en relación a lo que piden por una copia original

La piratería siempre había estado presente de una u otra forma; hace 100 años si alguien quería una canción se acudía a la tienda de música y  se compraba la partitura. Si alguien quería una copia había que duplicarla a mano. El siglo XX propició que el disco de vinil llevara la música a cualquier parte del globo y que las compañías disqueras explotaran una mina de oro que parecía inagotable; la imposibilidad de copiarlo ayudaba a que los derechos se administraran de una forma controlada.

Aparecen las cintas y el cassete musical como subproducto se apodera de un espacio en la casa, los autos e incluso en los reproductores portátiles. Cada quien podía copiar el disco de su preferencia y regalar copias a cuantos conocieran. No importaba mucho la cantidad copiada, siempre había más discos que comprar y ambas partes, piratas y discográficas se beneficiaban por la difusión que se lograba. Entre más personas copiara los cassettes, más gente quería comprar el siguiente disco. (And for a time, it was good. Animatrix)

Es en 1986 que se registra la primera patente de un formato de audio que revolucionaría al mundo: el MP3. Desarrollado por Karlheinz Bradenburg del Instituto Fraunhofer buscaba compactar el sonido de forma que ocupara la menor cantidad posible de código y aun así, que la apreciación del sonido fuera aceptable. Hay que recordar que el ancho de banda digital era del orden de 9600 kbps únicamente.

Después de algunos años de desarrollo, Bradenburg estaba listo para comenzar las pruebas y una tarde, caminando por el pasillo del instituto, se topó con una melodía a capella interpretada por Suzanne Vega: “Tom’s Diner“. Su primer pensamiento fue que sería imposible transformar la bella voz de la cantante en un archivo lo suficientemente pequeño y que pudiera conservar la calidez tonal de esa bella voz.

Las primeras pruebas fallaron y se tuvo que hacer ajustes en la codificación, pero no pasó mucho tiempo antes de que se lograra cumplir la meta. Sin saberlo, a partir de este instante las discográficas no volverían a dormir en sus laureles.

Junto con el desarrollo del MP3 y del MPG (códigos de compresión de audio y video respectivamente), la capacidad de los dispositivos era cada vez mayor, el caldo de cultivo de la nueva era del entretenimiento volteara sus ojos al formato digital.

Saltemos algunos años y centrémonos en el presente. Basta con tener un capturador de video y vivir en los Estados Unidos para que se pueda grabar la transmisión de cualquier programa y justo al terminar se suba a las redes Bittorrent. Dependiendo de tu velocidad de conexión, puede ser que en menos de lo que dura el programa ya lo has descargado, aunque si no sabes inglés basta con que pasen unas horas para que un fanático bilingüe ponga a tu disposición los subtítulos.

Si quieres ver la primera temporada de LOST, abres el Chrome y basta una búsqueda con tan solo dos palabras para encontrarla: LOST y RAPIDSHARE. Con tan sólo éstos términos te encuentras diferentes sitios que enlazan directamente al sitio de descarga.

Con esta forma tan simple de conseguir audio, video y libros, cientos o tal vez miles de malos artistas desaparecieron porque sus editoriales o discográficas no les resulta rentable mantenerlos. También se han dado a conocer una cantidad importante de artistas independientes que de no contar con el apoyo de Internet, tal vez nunca se habría sabido nada de ellos, como es el caso de Lilly Allen.

¿La solución? Muy simple: Publicidad.

La única solución práctica y a largo plazo es incorporar publicidad. En la fotografía es muy sencillo colocar una marca de agua, en las películas se está imponiendo la tendencia de colocarla de forma sutil y sin estorbar la trama, como la pared con el muro anunciando Cerveza Sol en el subterráneo, en la pelea entre el Agente Smith y Neo. Más recientemente tenemos el caso de la Coca Cola Zero, anunciada tanto por James Bond como por el avión en el que viaja Vin Disel en la cinta Babylon A.D. Por otra parte tenemos a Quentin Tarantino, que se inventa marcas de hamburguesas y cigarrillos con tal de no pagar regalías a McDonals o a Marlboro.

La piratería económica ya está aquí, es parte inseparable de la sociedad y le corresponde a los productores encontrar la solución para cada medio, por mi parte… seguiré escuchando música licenciada bajo Creative Commons.

¿Y tu… eres pirata?

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