Cuando el Universo era un bebe de apenas una centésima de segundo, estaba compuesto por una extraña mezcla de quarks y gluones, como una sopa caliente de energía. Después esta sopa de materia se enfría, formando las primeras partículas y en completa oscuridad, el universo se llena de hidrogeno, el atomo más simple de todos, compuesto por un electrón y un protón.
Toda esta materia se empieza a agrupar por efecto de la fuerza de gravedad, hasta que hay suficiente concentración como para que el hidrogeno entre en una reacción nuclear y así, nace la primera estrella.
Las estrellas –gracias a la reacción nuclear con la que iluminan el universo– producen nuevos átomos de materia más complejos como el hierro, carbono, oxigeno y muchos otros. Al final, esta reacción nuclear acaba por hacerse inestable hasta que explota, expulsando hacia el espacio exterior toda esa materia, de la cual se pueden formar planetas como el nuestro.
Muchísimas estrellas han repetido el proceso, creando nuevos atomos, creando la materia que nos permite existir.
¿Se dan cuenta?… La vida existe gracias a ellas, han muerto violentamente y solo gracias a eso, podemos vivir hoy. Somos polvo de estrellas. Incluso, posiblemente cada uno de nosotros viene de estrellas distantes que explotaron en tiempos y eras diferentes.
Sin duda, es lo más poético que he escuchado de la ciencia y es fascinante saberlo así, contado como una historia. Gracias, Carl Sagan.