La lógica es una de las herramientas más poderosas que pueden ser usadas para descubrir la verdad.
Aún así armados sólo con la lógica y asumiendo algunas pocas cosas, se puede llegar a las conclusiones más absurdas. Nos hacen cuestionarnos: ¿creer lo increíble? Ese es el poder de las paradojas.
Una de las paradojas que más me gustan por su simpleza es la famosa “paradoja del mentiroso”.
Los orígenes de ésta pradoja nos llevan hasta Eubulides de Mileto, en el siglo IV A.C. La versión de Eublides decía: “Un hombre dice que está mintiendo. ¿Es lo que él dice verdad o mentira?“
Cualquiera que sea la respuesta, empiezan las dificultades.
Si decimos que dice la verdad, entramos en una contradicción, si él dice que esta mintiendo, y decimos que es verdad, entonces en verdad esta mintiendo, entonces, lo que dice es falso.
Por otra parte, si decidimos que lo que dice es mentira, entramos en un proceso similar: si el dice que esta mintiendo y eso es falso, entonces no está mintiendo. Por lo tanto, en realidad lo que lo que dice es verdad.
Ambas respuestas nos lleban a contradicciones lógicas. No puede darse el caso de que lo que el hombre diga sea verdad o mentira.
La paradoja es conocida como la paradoja de Epiménides, debido al cretense que aseguró que todos los cretenses eran mentirosos.
El hecho de que haya dicho que todos los cretenses eran mentirosos no nos lleva a una paradoja, pero si tomamos en cuenta que él era cretense, entramos en la paradoja, ya que él debe de estar mintiendo. Y entramos en un proceso parecido al de arriba.
También se puede hacer el llamado “bucle extraño de dos pasos” en el que una frase por si sola no nos lleva a a paradoja, pero dos juntas lo hacen:
“La frase siguiente es mentira”
“La frase pasada es verdad”
Por si sola, cada una de las frases no nos lleva a una paradoja, pero juntas nos llevan a un bucle paradójico sin fin.
A mi, las paradojas me resultan muy interesantes, se me hace que pueden echar a volar tu imaginación, además de que nos cuestionan acerca de cosas que normalmente no tomamos en cuenta, o que no hemos ni pensado.
¿Cuál es su paradoja favorita? La mía es, sin lugar a dudas, la paradoja de “Aquiles y la Tortuga”, de Zenón.
A mí también me gustan mucho las paradojas,
es un gusto raro. Te adentras en aquellos
terrenos apocalípticos donde la lógica no es
más que una cualquiera con tacones. XD
Mi paradoja favorita es la de la omnipotencia:
¿Puede un ser omnipotente hacer una roca
tan pesada que ni él mismo pueda levantarla?
Si la respuesta es afirmativa, entonces su
omnipotencia es falsa porque no puede levantar
esa roca.
Por otro lado si la respuesta es una negación,
su omnipotencia tamibén es falsa porque no puede
hacer tal roca.
Por lo tanto la omnipotencia no existe.
Leí por ahí varias soluciones a esta paradoja,
como por ejemplo que la omnipotencia “se apaga”
por un rato para demostrar que no puede levantar
la roca y por lo tanto probar que pudo hacer dicha
roca; o que había ciertos niveles de omnipotencia,
que la roca ahora tenía mayor poder para no ser levantada
y que superaba la omnipotencia del ser…
Pero no me satisfacen porque omnipotencia en sí
es un concepto absoluto, se encuentra en un extremo
¿cómo puede haber niveles de “extremos” o que un extremo
ya no sea extremo?
Lo mejor de todo es que después de esto hay que recordar
ciertas entidades a las que han nombrado
omnipotentes, se me ocurre un par de nombres… =D
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