Todos sabemos que los hijos sirven para hacer experimentos científicos (?) y Deb Roy, un investigador del M.I.T. lo sabe muy bien, así que decidió poner cámaras por toda su casa y grabar a su hijo de 8 a 10 horas diarias para descubrir cómo aprendió a hablar. Claro, es lo que todos los padres hacen.
El trabajo que hizo en su video está mas allá de lo increíble, y nos muestra el proceso en que su hijo pasó de la complicada palabra “Gagagagagaga” a “Water”.
El video es un poco largo, pero les prometo que vale la pena:
Así que la próxima vez que piensen que sus papás los stalkean piénsenlo dos veces, siempre podría ser peor.
Vía: Microsiervos