
Aunque siempre se dice que Galileo ha sido el padre de la ciencia moderna, muchas veces eso solo despierta ganas de bostezar.
Pero, aunque parezca difícil, atrás de esta gastada proposición puede ocultarse una verdad.
Primero hay que ver cual es la diferencia entre la ciencia “antigua” y la moderna. Dos de los preceptos escenciales en la manera en que estudiamos la naturaleza hoy en día son: rechazo del argumento de autoridad (el clásico: ‘es que mi papá/novio/dictador/presidente/esposa/el papa dice que es cierto’) y la comprobación experimental. En la antigüedad quienes estudiaban la naturaleza no distinguían los prejuicios humanos de la realidad. Por ejemplo, Aristóteles dijo en algún momento que las mujeres tenían menos dientes que los hombres, pero a este ni siquiera se le ocurrió mandar a un estudiante a contar algunos griegos y griegas boquiabiertos.
En fin, Sir Francis Bacon escribió que “el hombre tiende a dar crédito a lo que le gustaría que fuera cierto”
Algunos se preguntaran acerca del título del post y su razón es la siguiente:
Hubo a principios del siglo XVII una polémica discusión entre Galileo y el jesuita Grassi acerca de la temperatura de los proyectiles, Grassi decía que su temperatura aumentaba, Galileo decía que disminuía. Grassi uso un método de investigación “a la antigüita”; busco la confirmación de su hipótesis en los libros de las todopoderosas autoridades antiguas. Por fortuna encontró un texto griego en el que decía que los babilonios cocían huevos atándoles cuerdas y haciéndolos girar como una honda. Ergo, dijo Grassi, los proyectiles se calientan. Punto.
Galileo (que como buen científico, era terco) no lo creía, así que calentó agua, coció un huevo, le ato una cuerda y le dio vueltas; el huevo se enfrió y lo comió a gusto (probablemente lo peló así). Después hizo trizas a Grassi diciendo que:
Si Grassi pretende que yo crea que los babilonios cocían huevos haciéndolos girar con hondas, lo creeré, pero la causa de tal efecto no es la que Grassi supone. Para descubrir la verdadera causa razono de esta manera: si no obtenemos un efecto que otros han obtenido en el pasado, debe ser porque a nuestras operaciones les ha faltado algo que a los otros no. Y si sólo nos falta una cosa, entonces esa cosa tiene que ser la verdadera causa. Ahora bien, huevos no nos faltan, hondas tampoco, ni tampoco gente fuerte para ponerlos a girar; con todo, nuestros huevos no se cuecen, sólo se enfrían si estaban calientes. Así, puesto que lo único que nos falta es ser babilonios, es el ser babilonio lo que hace cocer el huevo y no la fricción del aire.
Ahora sabemos que el cambio de temperatura dependerá de varios factores, y de hecho podríamos saber que ambos tenían parcialmente la razón, aún así, el método galileano demostró ser mejor que el de Grassi. Grassi acertó por error, Galileo erró por no acertar bastante. El método galileano es el que reina hoy en día salvo en muchas escuelas, donde la memorización y la autoridad siguen predominando.
Así que, al final, y por sus huevos, Galileo es el padre de la ciencia moderna.